En lo más profundo del bosque sestean... La seguridad de estos lugares les da tranquilidad a los corzos. Rodeados de hojas secas y ramas descansan. Acercarse a ellos sin pisar algún "dispositivo de alarma natural" es casi imposible, cualquier crujido les pone alerta. En esta ocasión, tuve suerte, no me acercaba yo a él, más bien todo lo contrario, de otra manera creo que esta imagen sería prácticamente imposible.
Conocedor de su lugar de descanso, me adentré en el bosque a primera hora, a esperar su vuelta de los pastos. No tardó demasiado, en esta mañana casi primaveral, lucía el sol y creo que no les gusta demasiado pastar con estas condiciones de escesiva luz. Así que volvió pronto a la protección del bosque, se acercó con cautela y con el sigilo que les caracteriza, se acostó tranquilamente a escasos metros de donde yo estaba. El viento disimulaba el ruido de la cámara, así que me permitió disparar unas cuantas fotos desde mi clandestinidad...
Como cada tarde, esta familia de corzos sale de su encame en el bosque para pastar en los prados que se encuentran en las proximidades de su territorio.
Con éstos ejemplares en concreto, al ir siempre en grupo, es difícil acercarse, siempre hay un corzo que vigila. Normalmente en éste clan familiar suele ser el macho, al que vemos con su cornamenta ya en plenitud y desprovista de borra. Aún así, con paciencia y un buen camuflaje, logré el gratificante acercamiento.
El joven corzo, a pesar de la proximidad, parecía no tener claro el sujeto que tenía delante del hocico y lo mismo ocurría con su madre...
Me miraban, me veían, pero en un principio no me relacionaron directamente como un peligro.
Me permitieron esta secuencia ante la gran confusión, hasta la aparición en escena del cabeza de familia, que de un salto formó parte de la imagen que se veía a través de mi objetivo. Aquí los nervios ya fallaron y ni el encuadre ni mi pulso, permitieron una foto decente. El macho se llevó a su familia del lugar sin más contemplaciones.
Los bosques asturianos son ricos en fauna autóctona. Cada noche, cada amanecer o cada atardecer, utilizan sus "pasos" o senderos para desplazarse por el monte. Estos, suelen ser transitados por varias especies. Distintos rastros de animales se pueden observar en caminos como éste. Quien motivó la colocación de la cámara en este "paso" fue el protagonista del anterior vídeo, el lobo y que ocupa unos fugaces segundos en éste otro. Las imágenes también nos dan una idea del comportamiento de cada uno de los animales que salen retratados; la curiosidad del "raposo", la tranquilidad o la celeridad de algún jabalí y la desconfianza del lobo con su característico trote lobero que casi no da tiempo a ser inmortalizado. Observamos como se desplaza por el bosque dando una sensación de persecución continua, que aunque en ese momento no se produce, nos transmite esa cautela pareciendo conocedor de ella. La cámara no emite ruido ni señales luminosas, pero él, al contrario que sus "vecinos" no se detiene, puede que mi aroma humanoide aún siguiera en el ambiente... Aquí os dejo estas imágenes de mi objetivo indiscreto de montaña de estos animales que me apasionan y que viven tan cerca de nosotros, muchas veces tan desconocidos y también difamados. Ellos son animales salvajes, por lo tanto nadie les alimenta y su vida transcurre buscando alimento para ellos y para su prole, por ello en ocasiones entran en conflicto con intereses humanos, los cuales interpretamos como un ataque directo "humanizando" su comportamiento como dañino, comportamiento que ellos no conocen , simplemente sobreviven y nosotros las personas, como seres "superiores" deberíamos tomar otra conciencia e interpretar estas incursiones en nuestras "propiedades" como lo que en realidad son, comportamientos animales destinados a la supervivencia.
Recomiendo ver el vídeo en tamaño pequeño ya que las imágenes de la cámara al ser con infrarrojos y nocturnas, no son de buena calidad y a un tamaño mayor pierde mucha nitidez.
Observar sin ser visto o detectado... Difícil tarea cuando el protagonista es un animal salvaje en su medio. Los mamíferos silvestres además de especialistas en pasar desapercibidos, poseen unos desarrollados sentidos del olfato, oído o vista que les permiten anticiparse a la presencia del torpe ser humano y en ocasiones a sus depredadores naturales. Este joven corzo, pastaba plácidamente durante los primeros instantes de luz de esta invernal mañana asturiana. Aún se percibe la mojadura en su pelo, la lluvia había cesado tan solo unos instantes antes de la toma de esta imagen.
El duende del bosque no era conocedor de la indiscreción del curioso fotógrafo... Nadie le molestaba, ni otro congénere... Ni si quiera el fuerte sonido del obturador de mi cámara alteraba su "desayuno". El viento no cesaba y eso precisamente impedía la localización del intruso humanoide por olfato u oído.
Amanecía en Redes... La tregua que daban las
lluvias, me habían invitado una vez más a perderme en sus bosques
manchados de una tímida nevada que aún aguanta. Los rastros de ungulados
silvestres son variopintos en los caminos de esta Reserva de la Biosfera. En las zonas bajas
el corzo, en las altas el venao o el rebeco y en todas el jabalí. El
"todoterreno" pisa cualquier teritorio...
Literalmente, tuve que detenerme unos intantes para no colisionar con este grupo de juveniles jabatos. Ya estaban cerca cuando detecté su presencia y aunque ellos también se percataron de la mía, no le dieron demasiada imporancia, solmente se mostraron nerviosos cuando intercambiamos miradas en el cruce de caminos...
El cormorán grande es un ave acuática que frecuenta nuestras costas, ríos y charcas durante todo el año, elegante y desconfiado, aunque este ejemplar se mostraba bastante colaborador con el fotógrafo.
Con su mirada frontal el cormorán puede resultar un tanto amenazante.
Historias, leyendas, mentiras, verdades, ríos de tinta escriben su nombre... Lo admiramos, lo odiamos, lo tememos, lo envidiamos... De una forma u otra, a nadie deja indiferente... Qué o quién es el lobo ibérico... Una subespecie única en el mundo que vive en la Península Ibérica, depredador que resiste en los últimos reductos de las montañas, alimentándose como puede asediado por el hombre, que mata para alimentarse o alimentar a los suyos, que caza lo que la naturaleza pone a su alcance y en ocasiones el ganado que el hombre pone en su territorio o por el contrario es una alimaña dañina que mata por placer, que cuelga y conserva los trofeos de sus matanzas, que entra en los pueblos donde roba y mata el ganado , que ataca al hombre metiéndose en sus casas... La respuesta está bien clara, aunque determinados individuos de determinados sectores pretendan "demonizar" a este tesoro de la fauna ibérica, el lobo evita al hombre y a todo lo relacionado con él. Somos su enemigo y es consciente, en los años 70 lo llevamos al borde de la extinción. El lobo ataca el ganado que está en la montaña, el ganado que no es vigilado, que no se guarda por las noches y que no cuenta con la protección del hombre ni del mastín. El tema está caliente en Asturias, el Gobierno del Principado presionado por los sindicatos ganaderos pretende realizar batidas de lobo en 2013 que según los expertos diezmarán la población lobuna en el territorio asturiano. Sin entrar en más polémica ya que el tema da para escribir libros, expongo en forma de vídeo el resumen de mis momentos en zona lobera... Verlos libres en su medio y en Asturias es realmente difícil, como ya he comentado en ocasiones, nuestro terreno, vegetación y sus costumbres nocturnas, los hacen casi invisibles, pero estar cerca de ellos, saber que están ahí , me carga de sensaciones. No ha sido fácil detectar su "paso". Diferenciar sus huellas de las de un perro es tarea de expertos aunque sus excrementos si nos pueden señalar con algo más de precisión la presencia del lobo en la zona; el excesivo pelo y los fragmentos de hueso en las heces suelen ser determinantes al decantarse por el cánido doméstico o por el salvaje, aunque también algún perro puede depositar estos excrementos al alimentarse de carroña, pero esta opción suele ser algo más inusual. Con la sospecha de su presencia, me aventuré a preguntar a algún amable vecino de la zona, los que aunque nunca lo habían visto al lobo por allí, conocían a gente que sí. Con unas cuantas anécdotas loberas por mi cabeza, con las sospechosas huellas y los casi determinantes excrementos, decidí colocar la cámara de fototrampeo en un lugar estratégico y confirmé aunque con un fugaz y pobre imagen que esta zona era claramente un PASO LOBERO...
Un paso que este ejemplar no usa a diario ni mucho menos, incluso puede que lo utilice como vía de escape ya que aunque la cámara llevaba varios días en el lugar, la imagen es captada precisamente durante la noche inmediatamente posterior a una cacería de jabalí en la zona. He controlado el lugar en numerosas ocasiones y he coincidido con cazadores en alguna que otra, el lobo no ha pasado de nuevo por delante del objetivo, en el mejor de los casos la presión cinegética lo ha desplazado y en el peor la bala de algún insensato se ha cruzado con la leyenda. Espero poder mostrar alguna imagen más de él o de algún miembro de su clan, por las señales que dejan por la zona parece que hay más de un individuo. Califico a este ejemplar con el género masculino puesto que comparando las proporciones del cánido con las del lugar en cuestión parece tener un tamaño realmente considerable.
El bosque en su máximo apogeo; la transición... La preparación al invierno, nuestros árboles caducifolios perderán sus hojas y paradójicamente afrontarán la estación fría, con sus ramas desnudas, pero antes teñirán el paisaje con la más surtida gama de colores. El otoño... Antes de irse nutrirá a los habitantes del bosque con castañas, hayucos, avellanas y bellotas. Alimento fundamental para animales como el oso pardo, que en esta estación pude ganar unos 60 o 70 kgs de peso antes del proceso de hibernación. Todos aprovechan el festín, los grandes mamíferos como los ciervos, los pequeños como tantos roedores y las aves, comen y almacenan el fruto del otoño, saben que se acercan el frío y las nieves...
Aquí quedan unas imágenes del otoño asturiano 2012, todas ellas tomadas en el Parque Natural de Redes concretamente en bosques de los Concejos de Caso y Sobrescobio.
Varios días me ha costado ganarme la confianza de este precioso ejemplar de Garza Real. Suele frecuentar una zona húmeda de las afueras de la ciudad de Gijón. Estudiado su posadero desde el que observa y pesca habitualmente, decidí colocar el hide (escondite) en las inmediaciones.
(Fotos de móvil)
La situación del hide no es la más idónea si tomamos como referencia la luz lateral de la mañana, pero es el lugar en el que destaca menos a pesar de sus colores de camuflaje. Sabía que las imágenes no tendrían una buena luz en un día despejado, pero el acercamiento cuando el ave confiara en esta rara "construcción" humana, sería brutal. Hoy ha sido el día, su majestad se acercó a mi.
Tenía mi cámara fijada en la máxima focal permitida; 400mm y la garza no me entraba entera en el encuadre, decidí reducir los mm de acercamiento, un simple giro de muñeca que le inquietó y fue suficiente motivo para levantar el vuelo.
Aquí quedan unas imágenes que muestran la fauna en cuanto a mamíferos se refiere que se puede observar en Doñana, nada tiene que envidiar a la asturiana pero su confianza con el ser humano hace realmente atractiva la visita de este Parque Nacional. Estas fotografías son de animales en completa libertad, como siempre. Un acercamiento brutal que como podéis observar a los protagonistas no les importaba lo más mínimo, seguían a sus menesteres.
Impensables escenas en la montaña asturiana.
Los gamos dormitan confiando plenamente en las intenciones de los curiosos humanos que por allí frecuentan.
Jabalíes a sus anchas comparten alimento y territorio con gamos y ciervos.
Esta última imagen aunque de muy mala calidad, me llamó poderosamente la atención cuando pude observar en la misma escena; al jabalí, a la cierva, al gamo y a los caballos marismeños (endémicos de Doñana y semisalvajes).